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Antigüedades mexicanas

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Lorenzo Boturini Benaduci

Carlos Sigüenza y Góngora fue uno de los historiadores interesados en el México prehispánico que empezó a recuperar documentos y objetos arqueológicos de los antiguos habitantes de Mesoamérica. Cuando murió dejó en herencia su colección a los jesuitas del colegio de San Pedro y San Pablo.

Otro fue el italiano Lorenzo Boturini Benaduci, quien alcanzó a reunir alrededor de 300 piezas y fue el primero en concebir un museo dedicado a las colecciones de procedencia indígena que llamó Museo Histórico Indiano; sin embargo, cuando consiguió el permiso de la Santa Sede para llevar a cabo la coronación de la Virgen de Guadalupe sin el visto bueno del Consejo de Indias fue arrestado y su colección fue confiscada en la secretaría del virreinato.

En 1767, cuando fueron expulsados los jesuitas, la colección de Sigüenza fue trasladada a la Real y Pontificia Universidad de México; de igual manera los documentos y las piezas de las antigüedades del archivo del virreinato por disposición de Don Antonio María de Bucareli y Urzúa —cuadragésimo sexto virrey de la Nueva España de 1771 a 1779 — y finalmente cuando gobernó el segundo conde de Revillagigedo (1789-1794) las piezas arqueológicas descubiertas en la Plaza Mayor se resguardaron en el recinto universitario por lo que se convirtió en el punto de reunión de los documentos históricos y arqueológicos; en 1822 fue constituido como Conservatorio de antigüedades y en 1825 en el Museo Nacional, una de las primeras instituciones culturales de la naciente República Mexicana.

En 1865 Maximiliano de Hasburgo clausura la universidad y decreta la creación del Museo Público de Historia Natural, Arqueología e Historia en el edificio que se fundó para casa de moneda en el reinado de Felipe V y que en ese entonces era la oficina de contribuciones y en donde se encontraba instalado el Cuerpo de Bomberos.

Hacia 1909 los objetos de la colección de anatomía comparada, botánica, geológica, mineralógica, paleontológica, teratología y zoológica se integraron al Museo Nacional de Historia Natural en el Palacio de Cristal que actualmente es el Museo Universitario del Chopo.

Cuando era presidente Lázaro Cárdenas del Río, en 1939, se creó el Instituto Nacional de Antropología e Historia, y el museo que entonces se llamaba Museo Nacional de Arqueología, Historia y Etnología se dividió para crear con las piezas posteriores a la época colonial el Museo Nacional de Historia en el Castillo de Chapultepec y el Museo Nacional de Antropología con las colecciones de las antigüedades mexicanas; éste se concentraría exclusivamente en los estudios antropológicos de la República.

El incremento de los hallazgos arqueológicos, como el de Monte Albán en Oaxaca, hizo necesario el nuevo recinto en el Bosque de Chapultepec inaugurado en 1964; actualmente exhibe alrededor de 7800 piezas en sus colecciones de arqueología y etnografía en las 23 salas en donde se exhiben las exposiciones permanentes dedicadas a las culturas prehispánicas del territorio mexicano, desde el período del poblamiento de América hasta el posclásico mesoamericano. El antiguo edificio de la calle de la Moneda alberga desde entonces al Museo Nacional de las Culturas.

Esta entrada la puedes escuchar en:

https://anchor.fm/claudia-guerrero29/embed/episodes/Antigedades-Mexicanas-e1sm8po

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24 diciembre, 2022 at 5:53 pm

Publicado en Historia

El Caballito

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En 1796 el virrey de Nueva España, don Miguel de la Grúa Talamanca y Branciforte, le solicitó al Rey Carlos IV su beneplácito para erigirle una estatua grandiosa colocada a la vista de todos en el centro de la Plaza Mayor y así eternizar los sentimientos de amor y de lealtad a tan benigno y religioso príncipe.

Este monumento se le encargó a Manuel Tolsá —director de escultura de la Real Academia de San Carlos— y se fundió y vació en una sola operación por Salvador de la Vega el 2 de agosto de 1802; el escultor valenciano la pulió y cinceló durante los siguientes catorce meses; el 9 de diciembre de 1803 —cumpleaños de la Reina María Luisa— fue inaugurada por el virrey Juan Iterrigaray.

Se colocó en el centro de una cerca eliptíca, de 136 varas en su eje mayor y de 114 en el menor; el Rey está a caballo vestido a la usanza romana, lleva en su mano derecha el cetro y su cara voltea hacia el Palacio Real; el córcel, que da la impresión de un andar pausado, tiene una altura de tres varas y media, su cabeza está ladeada al lado contrario de la del rey y pisa con una de sus patas un cajax mexica.

En 1808 el monarca abdicó al trono en favor de su hijo Fernando VII, poco después la corona pasó al hermano de Napoleón, estó debilitó la lealtad a la corona una vez que los reyes españoles ya no ejercían la monarquía, con lo que aparecieron las ideas independentistas, de soberanía popular y el virrey Iturrigaray fue depuesto.

En 1822 el ejército trigarante entró al Zócalo y la estatua tuvo que ser escondida, Fernández de Lizardi hace hablar al caballito en su folleto “Tristes lamentos del caballito de la Plaza de Armas” y dice: “Cuando al desgraciado Agustín I, y último, le hicieron sus toritos, me fueron encerrando en un globo o bola azul que parecía mundo” y cómo también lo querían fundir: “Unos quieren que me quiten de aquí a toda costa; otros, que me lleven a un potrero; éstos, que me vuelvan cañón de artillería; aquéllos, que me fundan y conviertan en cuartillas”.

En 1823 fue colocada en el patio de la universidad, en 1852 fue llevada a la plazoleta de Reforma, y finalmente en 1979 se le trasladó a la Plaza Manuel Tolsá, y es considerada una de las mejores estatuas ecuestres y conocida —más que por su jinete Carlos IV— como “El Caballito”.

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15 noviembre, 2022 at 5:17 pm

Publicado en Historia, México

El Reloj de Moctezuma

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El Calendario Azteca lo mandó construir Axayacátl —sucesor de Moctezuma Ilhuicamina— a finales del siglo XV; fue esculpido en una piedra de basalto de olivino y es testimonio del arte y del conocimiento de los aztecas de los cálculos astronómicos del que aún no se han desentrañado todos sus misterios; inicialmente fue colocado horizontalmente en el templo Cuauhxicalco que era la casa de los guerreros cuauhtin o caballeros del Sol.

En la caída de Tenochtitlán, acaecida en 1521, los conquistadores lo trasladaron a lo largo del Zócalo y lo dejaron con el relieve hacia arriba al norte de la acequia real y al oeste del palacio virreinal en donde quedó expuesto durante casi cuatro décadas hasta que Alfonso Montúfar, arzobispo de México, lo mandó enterrar.

En 1790 el Conde de Revillagigedo, virrey de la Nueva España, mandó poner alcantarillado y empedrar la Plaza Mayor y durante las excavaciones lo encontraron junto con la colosal escultura de la diosa Coatlicue y lo dejaron a un lado en posición vertical para posteriormente colocarlo en el costado de la torre de la Catedral que ve al poniente; José Uribe Canónigo y Juan José Gamboa —comisarios de la fábrica de la santa iglesia— se la pidieron al virrey de acuerdo a como lo narra Antonio de León y Gama en su libro “Descripción histórica y cronológica de las dos piedras que en ocasión del nuevo empedrado que se está formando en la Plaza Principal de México, se hallaron en ella el año de 1790” y quien fuera el primero en explicar el reloj solar meridional que usaban los aztecas para contar el tiempo.

Este monolito conocido también como Piedra del Sol o Reloj de Moctezuma se volvió un referente urbano que evocaba un pasado glorioso de una identidad compartida. Manuel Orozco y Berra —historiador mexicano del siglo XIX— rescató el gran conocimiento astronómico que las culturas mesoamericanas tuvieron y logró ubicar cronológicamente los hechos relativos a la conquista de México según la correspondencia en ambos calendarios, el gregoriano y el azteca.

En 1885, para evitar su deterioro y conservarlo, lo trasladaron al Museo Nacional, lo que causó consternación social al punto de que circuló una hoja volante con un poema titulado “El adiós y triste queja del gran Calendario Azteca”,  que dice en su primera estrofa: “Adiós, Montepío querido, adiós, bella Catedral, me despido ya de ustedes, ya me llevan a encerrar”; fue colocado en la Galería de los Monolitos dónde permaneció alrededor de ocho décadas y además de convertirse en icono del museo, sirvió de fondo de fotografías de funcionarios y visitantes; finalmente, en 1964 es cuando se lleva a la Sala Mexica del Museo Nacional de Antropología e Historia en donde actualmente se encuentra.

El calendario, además de llevar dos cuentas de manera simultánea —de ciclos de 260 y 360 días en veintenas articuladas como engranes en un conjunto de 52 años—, también tiene un sentido espacial que transcurre secuencialmente sobre los espacios terrestres Este-Norte-Oeste-Sur; esta representación del conocimiento trasciende a la simple ubicación de un evento en una línea de tiempo por su gran contenidos semántico.

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24 septiembre, 2022 at 1:58 pm

Publicado en Historia, México

El Gran Cometa

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Entre el 15 de noviembre de 1680 y el 21 de enero de 1681 apareció El Gran Cometa, considerado no sólo como un importante fenómeno astronómico por su magnitud y espectacularidad, sino también como el que marcó el inicio de una nueva era en el que la concepción de los cometas transitó de las interpretaciones especulativas de la astrología a las de la astronomía basada en las mediciones realizadas con los primeros telescopios.

Coincidió con la llegada a la Nueva España del nuevo virrey don Tomás Antonio de la Cerda y Aragón y el nombramiento de Carlos Sigüenza y Góngora como Cosmógrafo Real, quién con el propósito de apaciguar los temores y aprehensiones de la virreina sobre los augurios de calamidades que causan los cometas escribió el Manifiesto filosófico contra los cometas despojados del imperio que tenían sobre los tímidos.

En él argumentó que, si se trataba de dar advertencias, los cometas se quedarían fijos en un lugar y sólo ahí se experimentarían los malos efectos, pero se movían, además de que todos los años sucedían cosas graves y no necesariamente aparecían, de tal manera que no había razón para tenerles miedo, no eran anomalías celestes a través de las cuáles Dios hablaba, sino creaciones incorporadas y en armonía con el cosmos.

Posteriormente, el padre Eusebio Kino S.J. —quién también llegó a América como parte de la comitiva de los virreyes, escribió sobre la cuestión en la obra titulada Exposición astronómica; allíreforzó las ideas astrológicas que prevalecían, pues estaba convencido de que los cometas eran anuncios de Dios en los que se advertía la necesidad de recomponer la vida para alcanzar la salvación. Sigüenza se sintió aludido en la obra de Kino —dónde dice “trabajosos juicios que no quieren ver la realidad patente de las advertencias”—   y le respondió párrafo por párrafo en su obra titulada   Libra astronómica y filosófica, considerada una de las más notables escritas en español del siglo XVII; esta controversia intelectual fue signo del cambio de paradigmas y cristalizó la fundación de la cultura criolla que obró en contra de los prejuicios de que sólo la ciencia extranjera era valiosa y de que en México no podía haber conocimiento científico.

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9 agosto, 2022 at 3:36 pm

Publicado en Historia, México

Waldeck y Palenque

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A mediados del siglo XVIII se inició la exploración de las ruinas de Palenque, habitadas entre los años 600 y 800 d.C. y ocultas por una selva inaccesible; en 1787 el rey Carlos III auspició la expedición realizada por Antonio del Río, quien envió un informe con ilustraciones de Ricardo Almendáriz, y en 1805 Carlos IV continuó con el proyecto que le encarga al austríaco Guillermo Dupaix quien se hizo acompañar por José Luciano Castañeda, el dibujante del museo de México. Las ilustraciones contenidas en los reportes tenían un peso importante por el valor que se desprende de la observación de la realidad en El Siglo de las Luces.

Una vez que México alcanza su independencia la comunidad científica europea se interesó en las ruinas mayas; en 1826 la Societé de Géographie de París impulsó los descubrimientos arqueológicos cuando lanzó el premio sobre las Antiquités Américaines que duró hasta 1839 y que generó una dinámica de trabajo sobre americanismo en las expediciones científicas realizadas por viajeros de todas las nacionalidades, entre ellos Jean Fréderic Maximilien de Waldeck, quien recibió una medalla de bronce por las cartas e informes que envío a la sociedad.

Hacia octubre de 1833 en “El Fenix de la Libertad” apareció un artículo titulado “Observaciones sobre el dibujo de un relieve de Palenque remitido al museo Nacional por el Sr. Fréderic Waldeck” (1766-1875), en el que el autor detalló las diferencias que encontró con el del capitán Dupaix para recomendar la constatación y saber a quién creerle.

Waldeck, como viajero, defiende la condición científica y estética de su obra y la titula “Viaje pintoresco y arqueológico a la provincia de Yucatán, 1834-1836”, cuyo género pertenece a los libros ubicados en el género de viajes pintorescos del siglo XVIII y XIX, obras que pretendieron dar a conocer realidades extrañas y exóticas al pueblo europeo, como si fueran cuadros y en los que aparece la naturaleza caprichosa y con una fascinación por las ruinas como se puede observar en la ilustración del Templo de la Cruz o en la acuarela de la Primera Galería del Palacio de su autoría.

Además fusiona sus horizontes de expectativa al acercarse al nuevo conocimiento con las perspectivas desde su posición en el mundo al intentar hacer un paralelo entre la Esfinge y la cabeza colosal de piedra, entre los signos de nuestro calendario y la rueda divinatoria de los egipcios, entre las lagartijas de Uxmal con las serpientes enroscadas de la India, esto con base en las hipótesis teóricas de lo que en ese entonces Europa sabía de Oriente y confirmar la idea de que la civilización del nuevo mundo es tan antigua como las del viejo continente y que sus pobladores se conocieron antes de la era cristiana.

A mediados del siglo XIX la fotografía dominó en las siguientes exploraciones y llegó a su fin la mezcla de arte y ciencia; aunque su obra es considerada extravagante e insólita y su talento no fue apreciado por considerarlo vándalo de la historia maya, una de las pirámides de la zona arqueológica de Palenque es conocida como Templo del Conde como muestra de que Waldeck estuvo ahí.

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21 junio, 2022 at 6:18 pm

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Las Tórtolas

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En 1963, después de 16 años de haber sido inaugurada la presa Lázaro Cárdenas —octubre de 1946—, la Cámara Agrícola y Ganadera de Torreón le pide al presidente Adolfo López Mateos la construcción de la presa de Las Tórtolas para poder captar las aguas que escurren desde la presa también conocida como El Palmito y el Cañón de Fernández, y poder ampliar la superficie de los cultivos temporales de la Comarca Lagunera y complementar el ciclo del algodón.

Se hicieron estudios geológicos para determinar la consistencia del tipo de roca sobre la que se levantaría la cortina y la determinación del tipo de dique como flotante y anclado al subsuelo; en 1965 se lanzó la convocatoria para el concurso de la construcción en el que participaron siete constructoras y de la que resultó seleccionada, en julio de 1966, la Compañía Ingenieros Civiles Asociados S.A., con un costo de obra aproximado de 120 millones de pesos y una capacidad de embalse de  400 millones de metros cúbicos; su propuesta era terminarla en junio de 1968.

En marzo de 1968 el presidente Gustavo Díaz Ordaz comprobó el avance de la obra y observó el paso del agua por los dos túneles; el 25 de julio comenzaron las alertas sobre el aumento del embalse de la presa del Palmito y las probabilidades de que se desbordara, lo que haría necesario el cierre de la presa de Las Tórtolas para captar las aguas y evitar que se desperdiciaran.

Para el día 12 de septiembre de ese año la presa del Palmito se llenó y por su vertedor de demasías escurrieron los excedentes por las aportaciones sin precedentes de los afluentes de los ríos Ramos y El Oro al alcanzar por primera vez desde que se construyó su máxima capacidad de tres mil millones de metros cúbicos.

El 13 la nueva presa se llenó en tan sólo 50 horas al recibir un caudal de tres mil quinientos metros cúbicos por segundo, la creciente aumentó a consecuencia del ciclón Naomi y el agua derivada por los túneles de Las Tórtolas llegó a Torreón en la madrugada del lunes 16, brincó el vertedor de El Coyote y siguió su cauce hasta la Laguna de Mayran; fue terminada justo en la avenida del agua y salió avante de su primera prueba y con el nombre oficial del ilustre duranguense Francisco Zarco.

Esta entrada está en audio en https://anchor.fm/claudia-guerrero29/episodes/Las-Trtolas-e1ild1o

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17 mayo, 2022 at 2:53 pm

Publicado en Historia, La Laguna

Calendario perpetuo

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El calendario es un sistema creado a partir de conocimientos de cosmografía y escolástica, y desde su invención ha marcado el ritmo de las actividades agrícolas, económicas, políticas y religiosas; agrupa los días siguiendo el ciclo de las fases de la luna o de las estaciones y considera en su sistematización el día artificial —24 horas de las que marca el reloj— estimado con el promedio de la duración de los días solares, que resulta del tiempo que pasa desde la media noche de un día a la siguiente en el mismo meridiano y cuya variabilidad se compensa en el cálculo.

La semana tiene su origen en los cuatro cuartos de la luna que se separan uno de otro por alrededor de siete días, y ha sido utilizada como medida desde tiempos inmemoriales; en el Génesis, Dios descansa en el séptimo día; los mahometanos la comienzan en viernes, los judíos en sábado y los cristianos en domingo, que significa “día del Señor” —dies Domini — y que antes era día del Sol.

La tradición cristiana celebra la Pascua de resurrección de Jesucristo el domingo siguiente de haber transcurrido catorce días del novilunio o interlunio —cuando la Luna se encuentra entre la Tierra y el Sol y no vemos su cara iluminada— después del equinoccio de primavera que también de manera artificial es fechado el 21 de marzo.

En 1903, Manuel Miranda y Marrón escribió el libro La reforma del calendario: historia del calendario y proyectos de la reforma del mismo, y se lo presentó al presidente Díaz; el objetivo era eliminar el inconveniente que presenta el calendario de que el año siguiente empieza siempre un día de la semana después del anterior y dos en el año bisiesto, por lo que no puede haber un almanaque perpetuo y todos los años se requiere uno nuevo.

Esto sucede ya que al dividir los 365 días del año entre 7, el número de semanas resulta ser de 52, y sobra el día que se mueve para comenzar el año siguiente, cuando se celebran los aniversarios sólo en algunas ocasiones coincide en el día de la semana en la que sucedió y para fijar por ejemplo el festejo del día del padre se estableció que fuera el tercer domingo del mes de junio.

El señor Miranda y Marrón basó su iniciativa en la que presentó en 1901 el astrónomo francés M. Camille Flammarion (1842 – 1925) en su artículo Les Imperfections du Calendrier: Projet de Réforme, en el que describió el donativo que recibió del Abate Croze de 5,000 francos con el fin de que arreglara el calendario para que todos los años comenzaran el mismo día de la semana y del concurso organizado por el periódico L’Astronomie en 1885, en el que la propuesta ganadora de M. Gastón Armelin fue que todos los años tuvieran 52 semanas de 7 días, y los días sobrantes —1 en los años comunes y 2 en los bisiestos— no se contaran ni recibieran nombre especial.

Una de las reformas del señor Miranda era que hubiera cuarenta semanas de 9 días cada una, más una semana de 5 días en los años comunes y 6 en los bisiestos, divididas en 10 meses de 36 días que se llamarían unusber, duober, terber, quatorber, quinqueber, sexber, september, october, november, december para recordar el origen romano del calendario con la terminación ber que indica el número de meses después de la primavera.

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26 abril, 2022 at 1:23 pm

Publicado en Historia, México

Guías de forasteros

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A mediados del siglo XVIII aparecieron en las principales ciudades de Europa las publicaciones impresas llamadas guías de forasteros, tuvieron la intención de prevenir a quienes las visitarían de los peligros que podrían encontrar, incluyeron la estructura y los nombres de los funcionarios de las instituciones sociales, políticas y militares, así como el calendario del año de edición.

En la hemeroteca digital de España, existen 87 ejemplares de El Kalendario manual y guía de forasteros en Madrid desde 1744 hasta 1837, describen quién es quién en la ciudad y el detalle y jerarquía de las autoridades de la monarquía y el clero, enlista los nombres de los integrantes de la corte, así como de los cardenales, arzobispos, embajadores y cónsules; además incluyeron las fiestas y celebraciones religiosas como las fiestas de Pentecostés, el adviento, las témporas y el calendario con los días de santos, de los eclipses, de los indicados para ganar indulgencias, de aquellos en los que llegó y salió el correo y en los que la corte se vestiría de gala

Teatro Nacional de Iturbide

A su vez en la Nueva España el Calendario manual y guía de forasteros en México para el año de 1794 fue impreso por Don Mariano de Zúñiga y Ontiveros —heredero del privilegio de impresión que le fue otorgado por el Rey Carlos IV a su padre Felipe—, incluyó a los personajes de la Nueva España como los virreyes, los abogados de indios y las reales juntas del Monte Pío, de la Casa de la Moneda, del Desagüe y de la Real y Pontificia Universidad y el calendario arreglado al meridiano de México.

Más tarde en el México independiente La Guía de forasteros de México y repertorio de conocimientos útiles de 1852 fue editada por Juan Nepomuceno Almonte e impresa por Ignacio Cumplido; en ella aparecieron los representantes de los poderes de la federación —legislativo, judicial y ejecutivo — y personalidades pertenecientes a instituciones públicas como la Sociedad Mexicana de Geografía y Estadística y el Archivo General de la Nación.

Al incluir cada vez más información comercial se convirtieron en un instructivo útil para extranjeros y locales,  en el porfiriato  aparecen los directorios telefónicos y la célebre Sección Amarilla, que a su vez desaparecen en su edición impresa en 2018 debido a la introducción del Internet y otros servicios públicos como el Directorio Estadístico Nacional de Unidades Económicas (DENUE).

Este contenido puede escucharlo en: https://anchor.fm/claudia-guerrero29/embed/episodes/Gua-de-forasteros-e1fdu64

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8 marzo, 2022 at 4:42 pm

Publicado en Historia

Educación básica en 1875

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Cuando se restauró la República en 1867 quedó consignada en las leyes la obligatoriedad de la educación primaria; en 1875 se había decretado en alrededor de veinte entidades federativas, pero el Estado Mexicano no la podía aplicar por carecer de escuelas y maestros para proporcionarla a lo largo y ancho del territorio nacional.

De acuerdo con José Díaz Covarrubias en La instrucción pública en México (1875), existían 8,103 escuelas de instrucción primaria —a las que asistían 349 mil alumnos que representaban sólo la quinta parte de la población infantil—, de las cuales el 68.7% eran para varones, 19.67% para niñas y 6.76% mixtas; los gobiernos estatales sostenían el 7%, los municipales el 65%, los particulares el 5%, el clero el 1% y el 20% restante eran escuelas privadas.

Para explicar la diferencia entre la instrucción para niñas y niños el informe dice que no habría una sociedad medianamente culta sin la instrucción de los hombres, pero que sí existían sociedades de cierta civilización sin la instrucción de mujeres, además de creer que a las mujeres les apetecía menos el estudio, que tenían menos actividad intelectual y que el papel al que estaban destinadas en la sociedad exigía menos el cultivo del espíritu.

Asimismo, el documento incluye cuestiones sobre la forma en la que se ejercía la docencia por profesores que no estudiaban pedagogía, que creían que era fácil ser maestro de escuela y que podían adoptar esta profesión cuando no se pudiera hacer otra cosa; por esto hizo la propuesta de fundar al menos una escuela normal en cada uno de los 27 estados, ya que sólo existían en México ocho de ellas en los estados de México, Durango, Guanajuato, Nuevo León, San Luis Potosí y Sonora. Su idea era poder formar al menos a 250 profesores por entidad.

En sentido diferente al de la necesidad de educación de las niñas, este documento estima que la mujer es mejor educadora de niños por las cualidades de su carácter, porque su espíritu se comunica naturalmente con los educandos, conoce mejor el corazón humano y los inclina al deber por medio de la afección, más eficaz que los reglamentos y represión que emplean los maestros.

Entre los temas incluidos en la instrucción obligatoria estaban la lectura, la escritura, la gramática española, la aritmética, el sistema decimal de medidas, la moral, la urbanidad y nociones de la constitución, y en algunos estados se exigía la geografía, la historia y el dibujo; en materia de innovación educativa se propuso un sistema conocido como “Lecciones sobre las cosas”, para cubrir la necesidad de conocer el mundo moderno sobre asuntos como el vapor, el telégrafo, el pararrayo y así poder instruir a los niños sobre la vida civilizada, comprender su origen y utilidad, y prevenir el descarrilamiento en explicaciones incoherentes o sobrenaturales en las que existen duendes, fantasmas u otros prodigios que subyugaban la imaginación de los niños.

En el ciclo escolar 2020-2021 estuvieron inscritos a nivel nacional en primaria 13,677,465 alumnos —con una tasa neta de matriculación del 97.4%— de los cuales el 49% eran mujeres; asistirán a un total de 95,699 escuelas y las y los alumnos recibirán atención de 568,857 profesores.

Este texto lo puedes encontrar leído en https://anchor.fm/claudia-guerrero29/episodes/Educacin-bsica-en-1875-e1ekcit

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19 febrero, 2022 at 3:41 pm

Publicado en Historia, México

La Universidad Nacional y Justo Sierra

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Entre las celebraciones más significativas para celebrar el centenario de nuestra indpendencia nos encontramos la fundación de la Universidad Nacional de México que se llevó a cabo el 22 de septiembre de 1910 en la Escuela Nacional Preparatoria; su creación fue propuesta en 1881 por Justo Sierra con el propósito de organizar la educación superior bajo una institución de carácter nacional y distinto al de la Real y Pontificia Universidad de México.

A la ceremonia fueron invitadas como universidades “madrinas” la de París, Californa y Salamanca;  acudieron además veintidos delegados en representación de universidades como la de Oxford, Ginebra,  Harvard, Yale, Berlín, Cambridge, Columbia, Princeton y Stanford, y se les confirió el grado de Doctor Honoris Causa a 10 personalidades entre las que esuvieron el rey de Italia, Víctor Manuel II; el descubridor del suero antdiftérico, Emilio Adolfo Behring; el descubridor del microbio del paludismo, Carlos Alfonso Laveran; el presidente y premio Nobel de la paz, Teodoro Roosvelt, y el entonces Secretario de Hacienda y Crédito Público, José Ives Limantour.

En su carácter de Ministro de Instrucción Pública y Bellas Artes, Justo Sierra pronució el discurso de inauguración, donde marcó la diferencia con la universidad virreinal conservadora al afirmar que los fundadores de ésta decían “la vedad está definida, enseñadla”, y ahora dirían “la verdad se va definiendo, buscadla”, y, de igual forma, en otro par de afirmaciones contrastantes sobre el objetivo académico, “sois un grupo selecto encargado de imponer un ideal religioso y político resumido en estas palabras: Dios y el Rey”, y en la universidad de ahora, “sois un grupo en perpetua selección dentro de la substancia popular y tenéis encomendada la realización de un ideal político y social que se resume así: democracia y libertad”.

Además, para evitar la formación de una casta de científicos alejadas de la función terrestre e indiferente a la realidad social y de almas sin patria dijo: “…. no, no será la Universidad una persona destinada a no separar los ojos del telescopio o del microscopio, aunque en torno de ella una nación se desorganice; no la sorprenderá la toma de Constantinopla discutiendo sobre la naturaleza de la luz del Tabor”.

Written by claudiaguerreros

4 enero, 2022 at 4:43 pm

Publicado en Historia, México

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